Lo único que podemos cambiar es el presente
En un pueblo de la antigüedad, nacieron dos hermanos de la misma edad, sus padres vivían en las laderas de un gran castillo feudal, eran campesinos-ganaderos de aquella pequeña aldea.
Y crecieron, y el hermano que nació primero, el hermano mayor, junto con su gemelo, ayudaban en las labores del campo y el sueño de ambos era poseer un gran caballo para trabajar la tierra, y siguieron creciendo y el sueño del hermano mayor fue mas allá, poseer una gran porción de tierra con muchos caballos, y trabajaba de sol a sol, sin descanso ninguno para hacer su sueño realidad, cada moneda que obtenía la guardaba cuidadosamente. El hermano menor también trabajaba mucho, pero su dinero, lo empleo en pedir prestado un pequeño burro para labrar la tierra mas cómodamente, un burro pequeño en edad que aun debía alimentar con leche.
El hermano mayor se reía del borriquillo de su hermano y gastaba bromas sobre él, le decía que era una forma tonta de gastar el dinero, que un burro no servia para nada y menos un burro apenas aun destetado, sin embargo él, ya había reunido unas cuantas monedas y pronto tendría un saquito lleno de ellas, que junto con otro y otro y otro saquito le daría para comprar un caballo alazán de gran alzada.
El borrico del hermano segundo al principio no podía con el arado y comía mucho, llevándose en comida las pocas monedas que sacaba.
Y pasaron los meses y el borrico se hizo mayor, y aunque no era un gran caballo servia para llevarle al trote y para tirar del arado y para llevar leña en las alforjas. El hermano mayor estaba siempre trabajando, ahorrando moneda a moneda para comprar una gran granja propia, no tenia burros y casi siempre iba andando y con ropajes requeteusados, pero sus monedas ya casi no cabian en dos saquitos.
El hermano mayor era la persona mas trabajadora de la aldea, jamas descansaba, ni de día, ni de noche,
doblando la espalda sobre los terrones, asiendo la azada con sus manos callosas, quebrándose día a día. Su hermano le invitaba a pasear sobre su burro, pero él lo despreciaba diciendo que solo montaría a lomos de un caballo blanco con crines doradas y de su propiedad, pues andar a lomos de burro era deshonroso.
El hermano menor, después de terminar las faenas del campo le pedía que le acompañase a pescar al río, o a cazar, o simplemente a perderse por entre el bosque cercano y escuchar el trino de los pájaros y el ulular del viento entre las ramas, pero él se negaba diciéndole que tenia que seguir trabajando para sacar unas monedas más y que nunca, nunca, nunca montaría en un borrico, ni perdería el tiempo pescando, ni cazando a no ser que con ello obtuviese algún beneficio y que era malgastar el tiempo en ir y volver al río, o en pasear por el bosque, cosas que solo hacían los holgazanes y perezosos.
En sus viajes a lomos de su burro, recorriendo los márgenes del río, en busca de sitios donde disfrutar de la buena pesca, conoció a la que sería su mujer, una persona de la que se enamoró y con la que compartió sus días de pesca junto al río, unos buenos y otros malos, sus días de caza y sus paseos por el bosque.
Casáronse los dos hermanos, el hermano segundo con la mujer de la que estaba enamorado, la cual le dio tres hijos, a los que adoraba y con los que formaban una familia feliz. Sin embargo, el hermano mayor lo hizo con la mujer viuda de uno de los amos a los que servia, una mujer ya vieja y con tres hijos, y casose con ella para no perder las pocas monedas que le pagaba por arar, cuidar y sembrar sus tierras, pues estas tierras y los dineros de la viuda eran sólo para sus hijos.
Y pasaron los años, el hermano menor no tenia ahorros, pero su vida era mas fácil, su sueño se había cumplido y no pedía mas, se conformaba con su burro, que ya iba para viejo, pero con el que podía trotar y que le ayudaba enormemente en su trabajo, y con el amor y cariño de su mujer y de sus hijos, con los cuales compartía el tiempo que sus faenas le dejaban ya que él procuraba que este fuese el mayor posible, y gastaba las pocas monedas que poseía en hacer feliz a su familia y que nada les faltase, sin preocuparle el que no pudiese guardar nada.
Y el hermano mayor volvió a contar sus ahorros, ya casi tenia monedas suficientes para comprar una granja con varios caballos, pero su espalda estaba ya doblada, sus manos agrietadas y callosas, lucia una barba gris blanquecina y sus cabellos también blanqueaban; los hijos de su mujer jamas le ayudaron en su trabajo y nunca fue un padre para ellos, pero ¡¡ podría comprar su granja!!. Había tardado mucho, pero el no quería un solo caballo, quería una granja entera, y hasta entonces no había tenido ni lo uno ni lo otro, pero ahora lo tendría todo, cuando ya estaba cansado y viejo.
El hermano menor había tenido varios burros, había disfrutado con sus hijos y su esposa y en cambio no tenía guardado ningún saquito de monedas, su espalda no le dolía y parecía mil veces más joven que su hermano gemelo.
Y ocurrió que por entonces el hermano mayor enfermó de gravedad, debido a sus esforzados trabajos en el campo siempre destinados a conseguir una moneda más para rellanar sus bolsas, por lo que hizo llamar a su hermano menor y en su lecho de muerte le dijo:
- He vivido mi vida trabajando, persiguiendo un gran sueño, mi sueño, pero voy a morir sin poderlo ver hecho realidad, sin embargo tu, has trabajado para que tu vida sea un sueño y la has vivido como tal, yo he luchado por un sueño, sin saber que los sueños se viven día a día, no esperándolos. Siempre soñé con tener una gran granja con caballos y ni siquiera tuve un solo burro en propiedad, no supe disfrutar de ello, tú si y quiero darte todas las monedas que he ido guardando durante mi vida, mañana quiero que vengas y te diré donde las guardo, hoy te daré éstas pocas que reuní en los últimos meses y que aun no lleve a guardar en los saquitos.
Y el hermano mayor murió ese mismo día, momentos después de que su hermano se fuera todo apenado a su casa al ver el estado envejecido y enfermizo de su gemelo.
Su viuda y sus hijastros no lloraron su muerte, pues que aunque marido y padrastro, para ellos siempre sólo fue un empleado, mas al contrario, dieron saltos de alegría pues fueron ellos los que encontraron los saquitos llenos de monedas y nunca le dieron ni una sola moneda a su hermano, a pesar de que la viuda estaba presente cuando su marido prometio las monedas a su hermano.
Y fue a su muerte cuando se cumplió su sueño, pues el hermano menor con la parte del dinero que su hermano le dio rento por un día un caballo de crines doradas, sobre el que subió a su hermano para llevarlo a enterrar al cementerio desde donde los cipreses contemplaron meses mas tarde una granja cercana llena de caballos propiedad de la vieja viuda, que la había comprado con el dinero de los saquitos y con quien un año mas tarde se caso un joven para heredar su fortuna.
Moraleja de la vieja:
1. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy
2. Como te descuides se te va a pasar el arroz.
3. Si ganas 4, ahorra 1, el resto lo mejor es gastarlo
4. Disfrutar del Lunes, pues el Domingo nunca se sabe cuanto tardara en llegar
5. Hoy es el primer día del resto de mi vida
Y crecieron, y el hermano que nació primero, el hermano mayor, junto con su gemelo, ayudaban en las labores del campo y el sueño de ambos era poseer un gran caballo para trabajar la tierra, y siguieron creciendo y el sueño del hermano mayor fue mas allá, poseer una gran porción de tierra con muchos caballos, y trabajaba de sol a sol, sin descanso ninguno para hacer su sueño realidad, cada moneda que obtenía la guardaba cuidadosamente. El hermano menor también trabajaba mucho, pero su dinero, lo empleo en pedir prestado un pequeño burro para labrar la tierra mas cómodamente, un burro pequeño en edad que aun debía alimentar con leche.
El hermano mayor se reía del borriquillo de su hermano y gastaba bromas sobre él, le decía que era una forma tonta de gastar el dinero, que un burro no servia para nada y menos un burro apenas aun destetado, sin embargo él, ya había reunido unas cuantas monedas y pronto tendría un saquito lleno de ellas, que junto con otro y otro y otro saquito le daría para comprar un caballo alazán de gran alzada.
El borrico del hermano segundo al principio no podía con el arado y comía mucho, llevándose en comida las pocas monedas que sacaba.
Y pasaron los meses y el borrico se hizo mayor, y aunque no era un gran caballo servia para llevarle al trote y para tirar del arado y para llevar leña en las alforjas. El hermano mayor estaba siempre trabajando, ahorrando moneda a moneda para comprar una gran granja propia, no tenia burros y casi siempre iba andando y con ropajes requeteusados, pero sus monedas ya casi no cabian en dos saquitos.
El hermano mayor era la persona mas trabajadora de la aldea, jamas descansaba, ni de día, ni de noche,
doblando la espalda sobre los terrones, asiendo la azada con sus manos callosas, quebrándose día a día. Su hermano le invitaba a pasear sobre su burro, pero él lo despreciaba diciendo que solo montaría a lomos de un caballo blanco con crines doradas y de su propiedad, pues andar a lomos de burro era deshonroso.
El hermano menor, después de terminar las faenas del campo le pedía que le acompañase a pescar al río, o a cazar, o simplemente a perderse por entre el bosque cercano y escuchar el trino de los pájaros y el ulular del viento entre las ramas, pero él se negaba diciéndole que tenia que seguir trabajando para sacar unas monedas más y que nunca, nunca, nunca montaría en un borrico, ni perdería el tiempo pescando, ni cazando a no ser que con ello obtuviese algún beneficio y que era malgastar el tiempo en ir y volver al río, o en pasear por el bosque, cosas que solo hacían los holgazanes y perezosos.
En sus viajes a lomos de su burro, recorriendo los márgenes del río, en busca de sitios donde disfrutar de la buena pesca, conoció a la que sería su mujer, una persona de la que se enamoró y con la que compartió sus días de pesca junto al río, unos buenos y otros malos, sus días de caza y sus paseos por el bosque.
Casáronse los dos hermanos, el hermano segundo con la mujer de la que estaba enamorado, la cual le dio tres hijos, a los que adoraba y con los que formaban una familia feliz. Sin embargo, el hermano mayor lo hizo con la mujer viuda de uno de los amos a los que servia, una mujer ya vieja y con tres hijos, y casose con ella para no perder las pocas monedas que le pagaba por arar, cuidar y sembrar sus tierras, pues estas tierras y los dineros de la viuda eran sólo para sus hijos.
Y pasaron los años, el hermano menor no tenia ahorros, pero su vida era mas fácil, su sueño se había cumplido y no pedía mas, se conformaba con su burro, que ya iba para viejo, pero con el que podía trotar y que le ayudaba enormemente en su trabajo, y con el amor y cariño de su mujer y de sus hijos, con los cuales compartía el tiempo que sus faenas le dejaban ya que él procuraba que este fuese el mayor posible, y gastaba las pocas monedas que poseía en hacer feliz a su familia y que nada les faltase, sin preocuparle el que no pudiese guardar nada.
Y el hermano mayor volvió a contar sus ahorros, ya casi tenia monedas suficientes para comprar una granja con varios caballos, pero su espalda estaba ya doblada, sus manos agrietadas y callosas, lucia una barba gris blanquecina y sus cabellos también blanqueaban; los hijos de su mujer jamas le ayudaron en su trabajo y nunca fue un padre para ellos, pero ¡¡ podría comprar su granja!!. Había tardado mucho, pero el no quería un solo caballo, quería una granja entera, y hasta entonces no había tenido ni lo uno ni lo otro, pero ahora lo tendría todo, cuando ya estaba cansado y viejo.
El hermano menor había tenido varios burros, había disfrutado con sus hijos y su esposa y en cambio no tenía guardado ningún saquito de monedas, su espalda no le dolía y parecía mil veces más joven que su hermano gemelo.
Y ocurrió que por entonces el hermano mayor enfermó de gravedad, debido a sus esforzados trabajos en el campo siempre destinados a conseguir una moneda más para rellanar sus bolsas, por lo que hizo llamar a su hermano menor y en su lecho de muerte le dijo:
- He vivido mi vida trabajando, persiguiendo un gran sueño, mi sueño, pero voy a morir sin poderlo ver hecho realidad, sin embargo tu, has trabajado para que tu vida sea un sueño y la has vivido como tal, yo he luchado por un sueño, sin saber que los sueños se viven día a día, no esperándolos. Siempre soñé con tener una gran granja con caballos y ni siquiera tuve un solo burro en propiedad, no supe disfrutar de ello, tú si y quiero darte todas las monedas que he ido guardando durante mi vida, mañana quiero que vengas y te diré donde las guardo, hoy te daré éstas pocas que reuní en los últimos meses y que aun no lleve a guardar en los saquitos.
Y el hermano mayor murió ese mismo día, momentos después de que su hermano se fuera todo apenado a su casa al ver el estado envejecido y enfermizo de su gemelo.
Su viuda y sus hijastros no lloraron su muerte, pues que aunque marido y padrastro, para ellos siempre sólo fue un empleado, mas al contrario, dieron saltos de alegría pues fueron ellos los que encontraron los saquitos llenos de monedas y nunca le dieron ni una sola moneda a su hermano, a pesar de que la viuda estaba presente cuando su marido prometio las monedas a su hermano.
Y fue a su muerte cuando se cumplió su sueño, pues el hermano menor con la parte del dinero que su hermano le dio rento por un día un caballo de crines doradas, sobre el que subió a su hermano para llevarlo a enterrar al cementerio desde donde los cipreses contemplaron meses mas tarde una granja cercana llena de caballos propiedad de la vieja viuda, que la había comprado con el dinero de los saquitos y con quien un año mas tarde se caso un joven para heredar su fortuna.
Moraleja de la vieja:
1. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy
2. Como te descuides se te va a pasar el arroz.
3. Si ganas 4, ahorra 1, el resto lo mejor es gastarlo
4. Disfrutar del Lunes, pues el Domingo nunca se sabe cuanto tardara en llegar
5. Hoy es el primer día del resto de mi vida
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perseida -